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sábado, 10 de diciembre de 2022

Países Bajos 2 (3) - Argentina 2 (4) - Cuartos de Final - Mundial Qatar 2022

FUERON LOS 120 MINUTOS MÁS DRAMÁTICOS DEL MUNDIAL
Argentina ganó en los penales un partido que mereció definir antes
Ganaba 2-0. Sufrió el 2-2 en el minuto 10 de descuento y estuvo cerca en el alargue. Pero definió en los 12 pasos.
Los jugadores siguen festejando. La gente sigue festejando. Y no es para menos. La Selección Argentina ya está entre los cuatro mejores del planeta. Hizo todo para avanzar a las semifinales. Y lo consiguió. Pero tuvo que sufrir demasiado. Las distracciones en los últimos diez minutos de los 90 y en los diez minutos de tiempo agregado que dio el árbitro español Antonio Mateu Lahoz, de floja actuación, fueron un castigo demasiado grande para un equipo que siempre buscó ante un rival que le sacó jugó al desierto de Qatar.

Ganaba Argentina 2-0, otra vez de la mano de un Messi magistral. Pero Países Bajos no se rindió, se acercó con un gol que se encontró de regalo y tuvo su premio excesivo con una jugada de laboratorio en el último minuto. La Scaloneta, valiente, lo buscó en el alargue. Lo debió haber ganado ahí de nuevo. Pero tuvo que esperar a la tanda por penales para que un enorme Dibu Martínez, con dos atajadones que serán leyenda, le diera el ticket para llegar a Croacia. Sí, Argentina cruzó otra vez el Rubicón. Y jugará los siete partidos en este Mundial, tan exótico como mágico, de Qatar.

Treinta y dos minutos fue lo que tardaron en patear al arco este ensordecedor Lusail, otra vez con mayoría argentina en las tribunas. Un tímido remate de De Paul, que no vio que podía descargar en Mac Allister, terminó en las manos del gigante Noppert.

Fue un aviso. Pasaron 120 segundos y Messi se disfrazó de rey mago. No importa si es Melchor, Gaspar o Baltazar. Lo que importa es que recibió volcado a la derecha tras un pase de Nahuel Molina, se sacó de encima a De Jong y le dio un paseo a Nathan Aké. Un pasito para acá, otro pasito para allá. Y el grandote del City ya no sabía qué hacer. En realidad, nadie sabía qué iba a hacer. Solo Molina, que picó por su carril, le comió la espalda a Blind y, tras controlar, punteó de derecha ante la salida de Noppert.

Ese gol destrabó el partido. Hasta entonces todo había sido medido. Todo había sido nervios. Había arrancado mejor la Selección Argentina controlando el juego y tratando de avanzar, siempre manteniendo un equipo corto, con los tres centrales bien adelantados para recuperar rápido.

De Paul, sin muestras de las molestias, aunque con un vendaje en el muslo derecho, había tenido la más clara con un remate que se estrelló contra la humanidad de Julián Álvarez. El primer cuarto de hora fue de predominio territorial para los de Scaloni.

Pero en un momento se encendió De Jong y Holanda empezó a adueñarse de la pelota. Le faltó profundizar. Pero pasó a ser el dominador del juego. Así empezó a merodear el área de Dibu Martínez. La más clara fue una combinación entre Memphis y Bergwijn, que el delantero del Ajax culminó con un remate defectuoso.

En ese momento, la hinchada argentina, amplia mayoría en este nido enorme de la Ciudad de la Energía, entendió que hacía falta un poco de aliento. Y empezó a empujar desde afuera. Casualidad o no, la Scaloneta empezó a levantar. Y llegó ese tiro de De Paul. Y la genialidad de Messi para que Molina se convirtiera en un goleador impensado.

Países Bajos intentó reaccionar. Y fue un poco más a fondo. El juego se hizo un poco más trabado. Y llegaron las amarillas. Primero para Timber, enseguida para Acuña -que llegó a las dos amonestaciones- y al toque Cuti Romero que metió la mano donde no debía. El equipo de Van Gaal, no obstante, solo inquietó con centros. Y Dibu, que hasta entonces no había tocado la pelota, brindó seguridad en el juego aéreo.

Van Gaal no quedó nada conforme y en el segundo tiempo sacó a De Roon y Bergwijn, de flojos 45 minutos iniciales, y les dio cuerda a Koopmeiners y Berghuis -que se puso de enlace y corrió a Gakpo como puntero-.

Sin embargo, a pesar de las variantes, Países Bajos seguía inconexo y Argentina usaba mejor la pelota. Sobre todo, cuando aparecía Messi. Otra vez en modo imperial. Tres apariciones en antes de los 15 minutos hicieron estallar el estadio. La primeras dos no terminaron bien -un centro de Acuña sin riesgo y un mal pase de Mac Allister para De Paul que entraba solo-. La tercera, que arrancó dejando sentado en el piso a Blind, fue volteado cuando entraba al área. Tiro libre ideal. Al palo de Noppert. No entró por centímetros.

Van Gaal siguió moviendo el banco. Y fuerte. Sacó a Blind, un lateral, para poner al otro De Jong, Luuk, para que fuera a cabecear todo lo que tiraron. Scaloni también activó los recambios. De Paul, de gran despliegue, le dejó su lugar a Paredes a falta de 25 minutos. Evidentemente, el volante de Atlético de Madrid no estaba entero. Igual hizo un gran partido sin escatimar esfuerzos.

Países Bajos ya había vuelto a tomar el control del partido. Se adelantó unos metros y De Jong, el del Barcelona, empezó a patrullar la cancha con elegancia. Argentina, sin embargo, se agrupó bien. Y no se metió atrás.

La prueba: Acuña recuperó una pelota y encaró hacia el fondo. Amagó el centro, pero enganchó y Dumfries se lo llevó puesto. Sí, penal. Clarísimo. Noppert se lo quiso charlar a Messi. Dibu miraba a la otra tribuna, conciente del momento cumbre que se vivía. Y Leo, esta vez, no falló. Esperó y esperó y con una carrera corta la cruzó contra el palo izquierdo. Dos a cero y veinte minutos por delante.

Holanda entró en modo ataque de nervios. Dibu Martínez ayudó un poco agitando después de descolgar un centro. Escaramuza y reparto de amarillas para Depay y Licha Martínez. Mientras los jugadores se pecheaban, un invasor de metió en la cancha.

Una mole. Lo tuvieron que sacar entre cinco. Los nervios ya eran demasiados para los de naranja. Scaloni, para cuidar, sacó a Acuña y a Romero, los otros dos amonestados. Aire nuevo también para defender cuando se avecinaba n los minutos decisivos.

Países Bajos puso otro delantero más. Entró Weghorst, que había visto la amarilla desde el banco, por Depay, que había sido bien maniatado por la ordenada defensa argentina. Y en la primera que tocó, cabezazo y gol fuera de contexto con siete minutos, sin el descuento, por delante. Película repetida.

Los neerlandeses fueron una tromba sobre el final. Además de Weghorts y De Jong, Van Dijk fue un rato de centrodelantero. Un potente remate de Berghuis se fue apenas desviado.

El estadio parecía una cancha argentina. Los nervios se multiplicaban. Paredes se llevó amarilla por una dura entrada sobre Aké que siguió con un pelotazo contra el banco naranja. Otra escaramuza. Zafó de la roja de milagro el ex Boca. Entró bien el ex Boca.

Diez minutos de descuento dio Lahoz, que dejó jugar y pegar por partes iguales. Una falta sobre Gakpo en la medialuna, se transformó en un tiro libre peligrosísimo. El remate de Berghuis se estrelló en la barrera. Alivio.

A esa altura hasta Messi y Lautaro Martínez, que había entrado por Julián, estaban parados cerca del área propia y la reventaban para arriba.

Argentina ya no jugaba. Había perdido las formas. Aguantaba. Los segundos duraban minutos. Los minutos eran años. Dibu Martínez hacía tiempo como podía, atento a que Mateu Lahoz no le sacara una amarilla.

Un foul a Paredes, a falta de dos minutos, fue festejado como un gol. Países Bajos apostaba a sus altos. Y Pezzella, en la desesperada, cometió otro foul tonto cerca de la medialuna. Quedaba nada. Messi se llevó una amarilla por protestar. Y Van Gaal, que sabe por diablo y por viejo, sacó a relucir el laboratorio. Koopmeiners no le pegó fuerte, sino que tocó para Weghorst, que controló en el punto penal y ante la marca de un Enzo Fernández que no lo pudo bloquear, el punta del Besiktas tocó suave al gol. Increíble. Al alargue. Fue un mazazo inmerecido.

Lejos de desanimarse, tras una enfática charla técnica de Scaloni, la Selección salió mejor plantada en el arranque del tiempo suplementario. Parecía arrimarse a Noppert después de mucho tiempo, pero Messi no pudo controlar bien y la pelota terminó del otro lado en un nuevo tiro libre de riesgo. Por suerte, Otamendi, como toda la noche, volvió a sacar de cabeza.

La sensación en el estadio que era una montaña rusa de emociones contrapuestas es que cualquier cosa podía pasar. Los minutos corrían más rápido. Messi lucía cansado. El juego ya no fluía. Un centro le queda corto. Otro se le va largo. Y otro más se le va largo, pero apenas cuando Otamendi entraba solo. Fue lo más peligroso del primer tiempo suplementario.

En el segundo período del alargue, Scaloni, que tenía dos cambios todavía, metió a Montiel por Molina. Un córner tempranero generó algo de ilusión. Pero Noppert sacó a relucir sus dos metros tres para traer calma a los naranjas.

Y empezó a buscar y buscar la Scaloneta. Messi buscó hacer la de siempre a la salida de un tiro libre. No le salió. La bola, otra vez, se fue lejos. Para los últimos diez entró Angelito Di María en el último tramo y salió Licha Martínez, que arrancó de mayor a menor.

Di María funcionó como revulsivo. Y Enzo Fernández también se encendió, parecía fresco como si recién empezaran. Como si hubiera revivido de golpe. Un desborde con centro atrás encontró a Lautaro que fue bloqueado por Van Dijk. Era gol. ERa el el gol del triunfo. Dio en el pecho del defensor de Liverpool (Otamendi pidió una mano que no existió) y se fue al córner.

Enseguida, Enzo probó desde afuera, la bola se desvió y pasó besando el travesaño. Y hubo más: córner de Fideo y cabezazo de Pezzella adelantándose y atacando la pelota para ganarles a los enormes defensores neerlandeses, que se fue apenas desviado.

Estaba mejor Argentina. Lo buscaba Argentina. Ahora eran los Naranjas los que aguantaban, y Lautaro casi encuentra lo que buscó todo el Mundial con una media vuelta. Y Messi fue bloqueado justo. Y Di María casi lo mete olímpico. Y Enzo reventó un palo. Increíble. Otra vez.

Y llegaron los penales. Dibu Martínez voló para un lado y para otro en los remates de Virgil y Berghuis. Y dio el aire necesario para que no se notara el fallo de Enzo. La gloria, merecida y esperada, le quedó a Lautaro Martínez. No será Brasil. Espera Croacia. Nos vemos el martes, otra vez en Lusail.


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