domingo, 27 de septiembre de 2026

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EL PINCHA SORPRENDIÓ A LOS 51 SEGUNDOS, PERO EL CANALLA LO DIO VUELTA CON UN ÁNGEL DI MARÍA GENIAL
Rosario Central se quedó con el título ante Estudiantes en una final escandalosa, con polémicas y piñas
Pasó de todo. El árbitro Darío Herrera quedó muy cuestionado por varias jugadas a favor de los rosarinos. Juan Sebastián Verón denunció “robo” y bajó a buscarlo. Y se pelearon los jugadores.
Existe un enfrentamiento que parece un clásico, pero que no tiene nada que ver con barrios, ni algún partido que inaugure semejante rivalidad. Estudiantes y Rosario Central se tienen tirria y no lo disimulan. Los futbolistas y el público tomaron partido por una grieta a nivel dirigencial, inevitablemente atravesada por el fútbol.

Cuando en la conferencia de prensa previa al partido de ayer, Ignacio Ovando respondió la pregunta sobre el “espaldazo” de Estudiantes del año pasado a los jugadores. “Nos faltaron el respeto”, dijo a menos de un metro de Leandro González Pirez, quien había intentado dejar en el olvido el asunto. Pero no. El escandaloso final en el Madre de Ciudades está directamente conectado con aquel episodio.

Hace exactamente un año cuando de manera sorpresiva la AFA anunció que le daba a Rosario Central un título inexistente hasta ese momento, el de campeón de Liga (por el que jugó esta final), nació el clásico que juegan Pinchas y Canallas. Aquel affaire del pasillo con los jugadores de espaldas escaló con la fuerza de las cosas importantes y la tozudez de las tonterías. Hasta el presidente de Estudiantes Juan Sebastián Verón fue sancionado por seis meses sin poder ejercer la presidencia para cuestiones relacionadas al fútbol.

Desde entonces, el Pincha representa la oposición a la gestión de Claudio Tapia, de la que los Canallas quedaron como oficialistas. El penal que terminó de caldear los ánimos, inspiró a Verón, que desde una platea y en medio del partido escribió en redes sociales algo contundente: “Maltrataron a la gente y la impunidad que manejan para robarte es increíble. Innecesario, para esto nos traen hasta acá, jajajaja... Una puesta en escena increíble”, y todavía no había sucedido lo peor.

El festejo del tercer gol, golazo de Julián Fernández, desató la locura. Los suplentes, jugadores como Ángel Di María que habían sido reemplazados, entraron al campo de juego. La chispa que encendió la primera de las grescas fue la de Agustín Sández mofándose de los hinchas de Estudiantes. Rápidamente fue ajusticiado por jugadores del Pincha y comenzaron los primeros rodeos mientras Darío Herrera corría con tarjetas, con la ilusión de controlar así lo que ya era una batalla campal.

Hubo corridas y la cosa siguió en el acceso a los vestuarios: en el hall central los futbolistas intercambiaron trompadas sin que nadie pudiera frenar la gresca. En tanto, Juan Sebastián Verón dejó la platea y bajó al campo de juego e increpó al árbitro, lo responsabilizó de lo que sucedía. “Le dije que había tenido una actuación extraordinaria, lo felicité”, dijo sin inmutarse el titular del club. Tomás Palacios hacía lo mismo, pero lo acusaba a Jorge Almirón, a quien apuntaba con el dedo a 10 centímetros de su rostro. Si la cosa no fue más grave, fue porque algunos guardaron la compostura.

Mientras Darío Herrera esperaba que la cosa se normalizara para reanudar el juego, el plantel de Estudiantes enfiló al vestuario. Juan Sebastián Verón los hizo volver: hubiese sido abandono. En tanto, los jugadores de Rosario Central festejaban junto a la cabecera que tenía a su gente. Con absoluta normalidad, como si no hubiese sucedido nada el show continuó, faltaba la premiación.

A los jugadores de Estudiantes les colgó la medalla Francisco Duarte, CEO de la Liga Profesional. Claudio Tapia subió al escenario para el resto: mientras Chiqui les daba el reconocimiento a los árbitros, los jugadores de Estudiantes -de frente y no de espaldas- aplaudieron el momento, con la misma carga de ironía que minutos antes Juan Sebastián Verón había aplaudido el penal de Rosario Central.

Igual que la tarde le dio lugar a la noche en Santiago del Estero, los ánimos se serenaron. No sucedió nada más en el Madre de Ciudades, aunque esta trama que comenzó hace un año y ayer tuvo su pico máximo, escribirá nuevos capítulos: todavía falta el informe de Herrera, la respuesta de Pablo Toviggino al posteo de Juan Sebastián Verón y las posibles sanciones. Si ambos avanzan a los playoffs, tal vez haya otro round y un nuevo capítulo de esta historia.



Un partido accidentado, con fallos discutidos y un Ángel Di María decisivo
Antes de los golpes hubo goles, golazos, lesionados y polémicas arbitrales. La jerarquía del capitán de Rosario Central quedó evidenciada en un tiro libre mágico y un penal.


Además de un escandaloso final, Estudiantes y Rosario Central entregaron un buen partido para definir la Supercopa Internacional en Santiago del Estero. Antes de los golpes, hubo un partido de fútbol que tuvo goles, golazos, lesiones y momentos de alto vuelo. De arranque, el partido mostró que no sería uno cualquiera.

El primer ataque fue de Rosario Central y el primer gol, de Estudiantes... al minuto de juego. Con ese vértigo comenzó a jugarse. El Canalla sacó del medio y se mandó en ataque por la derecha, Emanuel Coronel se quedó corto con el pase que buscó a Ángel Di María y Ezequiel Piovi recuperó la pelota y le dio marcha, por el mismo carril, pero en sentido contrario, a la jugada con que nació el primer tanto del partido.

Sin Emanuel Coronel marcando esa punta, Joaquín Tobio Burgos llegó sin mayores problemas al fondo, mandó el centro que cruzó Guido Carrillo para Alexis Castro, que conectó de primera para gritar el primer tanto. Lo que siguió para el Pincha fue padecimiento, porque a los 11 minutos, Gabriel Neves dejó la cancha por un fuerte golpe en el brazo que lo sacó del partido. Lo reemplazó Jalil Elías, quien siete minutos después debió ser reemplazado por una lesión muscular en la pierna derecha. Tres minutos más tarde, Ángel Di María clavó un golazo de tiro libre para empatar el partido.

El Pincha lo ganaba desde el vestuario, pero en menos de 10 minutos quemó dos cambios y en un abrir y cerrar de ojos empataba. Antes de que se bajara el telón de la primera parte, una revisión VAR encendió la primera chispa.

Dario Herrera se acercó a la pantalla donde advirtió un discutible rodillazo de Leandro González Pirez sobre Enzo Copetti. La “decisión fenal” (sic) fue penal. Ángel Di María pateó el tiro junto al palo derecho para que Rosario Central terminara el primer tiempo arriba.

Allí, presente en el Madre de Ciudades, también se encontraba Claudio Tapia. Los hinchas de Estudiantes, que vieron demorado su ingreso al estadio por el operativo policial, estallaron con el ya famoso “Chiqui Tapia, botón...” dedicado al presidente de la AFA. Si faltaba algo para darle más contexto al asunto, el aporte de Darío Herrera fue suficiente: no le mostró la segunda amarilla a Elías Verón por una falta a Adolfo Gaich.

Las malas noticias siguieron para el equipo de La Plata. A los 20 minutos de la segunda parte se quedó sin cambios, porque en el reinicio hizo otros dos y luego Guido Carrillo debió ser sustituido por una lesión, la tercera del Pincha en el partido. Pero las cosas empeoraron para el equipo platense.

Estudiantes no renunció. Fue por la épica, merodeó con insistencia el área rival, siguió juntando bronca por un supuesto penal que el VAR no revisó y hasta una posible segunda amarilla para Elías Verón que podría haber cambiado los términos en que se desarrollaba el partido.

A todo o nada, en los minutos finales el arquero de la selección uruguaya Fernando Muslera fue a buscar el cabezazo en un tiro de esquina, pero la cosa no prosperó. Central recuperó la pelota con el guardameta a 50 metros del arco. Julián Fernández cruzó el medio y a la carrera le pegó un zurdazo con el empeine para que le pelota dibujara una parábola perfecta hasta meterse junto al palo.

Aunque quedaban minutos por jugarse, esa acción le bajó la persiana al partido y le dio curso a los desmanes. Cuando llegó la calma, Rosario Central se colgó su nueva estrella.




A continuación la ficha con los puntajes:

Estudiantes de La Plata 1 - Rosario Central 3:

Estudiantes de La Plata: Fernando Muslera (5); Eros Mancuso (6), Santiago Núñez (5), Leandro González Pirez (6), Tomás Palacios (5); Ezequiel Piovi (6), Gabriel Neves (s/c); Baltasar Rodríguez (5), Alexis Castro (7), Joaquín Tobio Burgos (6); y Guido Carrillo (6).
DT: Alexander Medina.
Cambios en Estudiantes de La Plata: PT, 11m Jalil Elías por Gabriel Neves, 18m Fabricio Pérez (6) por Jalil Elías; ET, Adolfo Gaich (6) por Baltasar Rodríguez y Eric Meza (5) por Eros Mancuso; ST, 20m Lucas Alario (4) por Guido Carrillo.

Rosario Central: Axel Werner (6); Emanuel Coronel (5), Ignacio Ovando (6), Gastón Ávila (6), Agustín Sández (5); Franco Ibarra (5), Federico Navarro (6); Gaspar Duarte (6), ÁNGEL DI MARÍA (8), Giovanni Cantizano (6); y Enzo Copetti (6).
DT: Jorge Almirón.
Cambios en Rosario Central: ET, Elías Verón (5) por Gaspar Duarte; ST, 20m Alexis Soto (5) por Elías Verón, 28m Julián Fernández por Agustín Sández, 34m Franco Cervi por Giovanni Cantizano y Facundo Mallo por Ángel Di María.

Estadio: Único Madre de Ciudades, de Santiago del Estero.
Calificación del partido: Bueno.
Árbitro: Darío Herrera (3).
Goles: PT, 51s Alexis Castro, 22m Ángel Di María (de tiro libre), 45m+11m Ángel Di María (de penal); ST, 45m+5m Julián Fernández.
Amonestados: Jalil Elías, Baltasar Rodríguez, Leandro González Pirez, Santiago Núñez, Ezequiel Piovi, Elías Verón y Gastón Ávila.
Expulsados: ST, 45m+6m Fabricio Iacovich y Agustín Sández.



¡¡Felicitaciones Canalla!!
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jueves, 6 de marzo de 2025

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LA T SE CONSAGRÓ POR PRIMERA VEZ DE UN TORNEO ORGANIZADO POR LA AFA
Talleres, un campeón para la historia
Tras 120 minutos de un mal partido, en los penales derrotó 3-2 a River, que erró cuatro remates y no aprovechó las atajadas de Armani.
Ese remate de Gastón Benavídez que se estampa en la red es una daga para el corazón riverplatense. Y es historia pura para Talleres, que, con esa definición, tras una dramática y errática tanda de penales, logró su primer título de AFA y el segundo de su palmarés, ya que tenía la Copa Conmebol de 1999. Levantó la Supercopa Internacional con el 3-2 sobre River desde los doce pasos, en Asunción, tras un partido extenso, soporífero y tedioso que tras 120 minutos terminó 0 a 0.

River pudo haberlo ganado en los penales. Facundo Colidio tuvo la victoria, pero su remate dio en el travesaño. Esta vez Franco Armani atajó dos (y Bebelo Reynoso falló otro) pero la mayoría de las ejecuciones del equipo millonario fueron de terror y además del ex Tigre erraron otros tres, entre ellos Gonzalo Montiel.

La Nueva Olla hervía. No sólo por el calor. También por los hinchas de River, que explotaron. “Sáquense la camiseta y tírensela a la hinchada que juega mejor”, fue el grito de guerra. Del otro lado había emoción y lágrimas.

La segunda edición de la Supercopa Internacional se jugó con casi 40 grados de temperatura. Un calor insoportable. Y en un campo de juego en mal estado. Era previsible que el ritmo del partido fuera cansino. Pero no se le puede echar solo la culpa al calor. La presentación de ambos equipos fue a tono con lo que vienen mostrando en el Torneo Apertura. Por un lado, River no encuentra el rumbo futbolístico; por el otro, Talleres, que está penúltimo en su zona.

River era el más obligado. Y es lógico. Por peso específico, porque tiene a Marcelo Gallardo en el banco de suplentes y por la millonaria inversión que hizo para armar un súper plantel que hasta ahora no cumple con las expectativas en el campo de juego. No tiene una idea clara y ya no solo no arranca, sino que retrocede. No pudo quedarse con el primer objetivo del año y el Muñeco todavía no pudo ganar un título en su vuelta al club. Y otra vez sufrió al Cacique Medina, discípulo suyo que lo tiene alquilado.

A River le falta consistencia. Es un equipo lento y previsible. No sorprende y se repiten los mismos patrones todos los partidos. Como es habitual, tiene la pelota la mayor parte del tiempo porque los rivales le ceden la iniciativa. Talleres no fue la excepción. Pero cuando pasa la mitad de la cancha, entra en una nebulosa. Y no encuentra los pases adecuados. Entonces, buscaba con pelotas largas, pero tampoco generaba riesgo. Más aún: de los 11 remates que tuvo, ninguno fue al arco. Y eso en River es un pecado.

Y eso que lo tuvo como “9” a Borja, que fue titular. Pero lo buscaban mucho de arriba o se la tiraban larga y al colombiano se le complicaba. Encima tenía el freno de mano puesto. Y peleó más de lo que jugó. Driussi no entró en sintonía y se fue lesionado y Colidio tuvo una noche fatídica. No solo falló el penal que pudo darle la Copa a River; en el partido, Benavídez le bloqueó el gol en el segundo tiempo. Por esa jugada, y por el penal de la definición, el lateral de Talleres terminó siendo héroe de su equipo.

El único que aportó algo diferente fue Franco Mastantuono. Le dio la frescura que pidió Gallardo. De él surgió lo poquito que generó River. Hasta que se desinfló y salió en el segundo tiempo. Lo reemplazó Pity Martínez, que tuvo un partido para el olvido, más allá acertar su penal, al igual que Borja.

La noche ya pintaba mal para River con dos lesiones que tuvo, la de Driussi y la de Martínez Quarta, uno en cada tiempo. Y a Pezzella le bajó la presión cuando ya no había más cambios, pero siguió jugando. Demasiados indicios negativos.

Talleres apostó al partido largo estando bien compacto, pero también estuvo errático. Federico Girotti se lo perdió increíblemente de cabeza y Armani le sacó el gol dos veces a Ortegoza. Además, el conjunto cordobés, que terminó un poco más liviano el partido en el alargue con los ingresos de Rick, Reynoso y Bustos, no se arriesgó a buscarlo cuando parecía que si se animaba lo ganaba.

En los penales pintaba ser la noche de Armani. Pero no. Terminó siendo la de Talleres, que gritó campeón después de un cuarto de siglo. Un título para la historia.


SIETE NO CONVERTIDOS
Una definición por penales que tuvo más errores que aciertos

La definición por penales estuvo acorde a lo que fue el partido en los 120 minutos: la mayoría de las ejecuciones fueron malas. Y como Talleres estuvo un poquito más fino, terminó festejando. Guido Herrera le atajó el primero a Matías Rojas y después le erraron al arco Gonzalo Montiel (erró por primera vez en su carrera), Facundo Colidio y Manuel Lanzini. Los que metieron en River fueron Borja y Pity Martínez. Los cordobeses comenzaron con un disparo de Bebelo Reynoso que se estrelló en un ángulo. Luego metió Joaquín Mosqueira y Franco Armani se hizo gigante para atajarles a Cristian Tarragona y a Ulises Ortegoza. Nahuel Bustos convirtió el penal más caliente, porque si la pelota no entraba hubiera festejado el rival. La gloria quedó en los pies de Gastón Benavídez, que hizo delirar a la “T”.


¡¡Felicitaciones T!!
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