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jueves, 28 de noviembre de 2019

Flamengo 2 - River 1 - Copa Libertadores 2019

AL MILLONARIO SE LE ESCURRIÓ EL BICAMPEONATO EN LOS ÚLTIMOS MINUTOS DE UN DUELO ELECTRIZANTE
Por qué River perdió una final increíble
Apuntalado en Pinola y Enzo Pérez, el equipo de Gallardo había jugado un partido perfecto. Pero Flamengo jamás se rindió y dio vuelta la historia en el descuento.
Prometía ser única esta final de Lima, y lo fue. Con un cierre desaforado, impensado, con un minipartido enloquecido dentro del partido más largo y racional.

En minutos La Gloria Eterna se convirtió en Á Glória Eterna.

Los focos se quedarán en Gabriel Barbosa, el famoso Gabigol, que así como River pasó de ser bicampeón a subcampeón en un suspiro, él pasó de ser el peor jugador de la cancha en la figura. Dos goles en menos de cuatro minutos, el primero a los 89 para empatar una final que Flamengo padeció durante casi ochenta minutos y que festejó en cuatro.

El cielo y el infierno mezclados. ¿Cómo se explica? ¿Lo perdió River? ¿Lo ganó Flamengo? ¿Gallardo se equivocó con los cambios?

Un poco de todo, después un primer tiempo perfecto al equipo de Gallardo se le escurrió de las manos la Copa, por una mezcla de errores propios y virtudes ajenas, como suele ser. Y porque queda otra vez demostrado: el 1-0 puede ser traicionero.

River y su entrenador habían ganado con amplitud la batalla táctica en un primer tiempo de pizarrón perfecto, ideal. Presionando con Borré y Suárez a los defensores de Flamengo, casi con salvajismo. Un plan completo, porque impidió que los de Jorge Jesús salieran del fondo y armaran su juego a partir de los laterales Rafinha y Filipe Luis. River minimizó al monstruo brasileño sin piedad en ese lapso, un largo lapso.

Flamengo no pudo ocultar su sorpresa por el rigor físico que impuso River en cada cruce y lo que parecía un pecado, seguir intentando por abajo y nunca saltar líneas con una pelota larga, se convirtió en su sello de identidad. Como Gabigol, hizo de un pecado virtud. Pero eso fue mucho después.

En esos 75 minutos, algo más, Javier Pinola y Enzo Pérez pedían Selección. Sabían todo, ejecutaban todo a la perfección. Pero el plan necesitaba un gol más o muchas piernas más. Y no aparecieron.

Fueron claves algunos asuntos. En especial que los de Núñez no pudieron sostener el ritmo de presión y los de Rio de Janeiro empezaron a pasar la mitad de la cancha con otra convicción y libertad. También fue importante el ingreso de Diego, un enganche a la antigua que había perdido su puesto por una lesión. El 10 entró a los 66 minutos, cuando el partido se empezaba a romper. Pidió la pelota y la supo distribuir, algo que ni Everton Ribeiro ni De Arrascaeta habían logrado hasta allí.

Los cambios fueron protagonistas. Arriesgó Jorge Jesús y le salió, pero no tenía otra opción. Intentó sostener el plan Gallardo y le salió mal. Pratto no pudo aguantar la pelota y exageró en los remates desde afuera, además de perderla en una jugada clave, la del gol del empate. El ingreso de Julián Alvarez suena lógico: necesitaba seguir corriendo River; no parecía el momento para Juanfer. Claro, todo esto se ve iluminado por la luz del resultado final.

Volviendo al momento del partido, Flamengo ya tenía otras facilidades, los delanteros de River no eran los primeros y aguerridos defensores del primer tiempo y el tránsito hacia el terreno rival se iba despejando. De todas formas, era difícil imaginar ese final de locos. El reloj corría, Armani descolgaba con seguridad los centros, Pinola era impasable y además, Flamengo insistía en enrular demás jugadas hasta dentro del área, donde se perdió algunas situaciones insólitas.

Parecía inevitable una nueva consagración táctica y de conducción de Gallardo. Y de todo River. Pero hay que reconocer que Flamengo seguía jugando a su manera, insistía y buscaba.

Hasta que llegó ese prefinal. Apareció por primera vez un rayo llamado Bruno Henrique y desequilibró por izquierda, habilitó a De Arrascaeta y el uruguayo dejó a Gabigol en una zona imposible de fallar.

Se descontroló River con el 1-1 y puede ser lógico. Faltaba apenas un minuto y quizá sintió que no hubiera podido enfrentar otra media hora, el alargue. Con la final a punto de romper para siempre llegó el tiro de gracia, con una tremenda dosis de injusticia para el partido que había jugado Pinola. Fue su único error en la final. Demasiado castigo.

También para River, que acumulaba elogios por su carácter y por su planteo, también por su decisión para pelear cada pelota.

La insistencia a veces ingenua de Flamengo se transformó en delirio, la calidad de algunas de sus figuras descoloridas en casi toda la tarde cambió el final de la película.

Fue tan histórico el partido que se lo seguirá comentando por muchos años, pero ahora es el tiempo de Flamengo y su festejo.

El fútbol, a veces, define todo en detalles y en minutos. El fútbol, a veces, nos vuelve a asombrar en un par de suspiros.


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