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jueves, 15 de marzo de 2018

River Plate Campeón Supercopa Argentina 2017

UN TRIUNFO PARA VENGAR LA DERROTA DE 1976
River pobló el medio, bancó al rival y fue certero para definir
Los pequeños detalles volvieron a ser vitales en la resolución de otro clásico. La posesión de Boca no dio réditos.
River volvió a levantar otro pagaré. Una vez más, como en los últimos años, volvió a vengarse de su eterno rival. Hasta antes de este partido sólo habían jugado una final por un título una vez en la historia y la había ganado Boca. Pasaron más de 41 años y ya están a mano. Y mucho tuvo que ver Marcelo Gallardo, el padre de los triunfos decisivos contra Boca. Quizás en su momento más difícil desde que llegó a River, volvió a relucir su chapa de estratega. Justo cuando muchos creían que Mendoza iba a ser su Waterloo. Estaban equivocados. Estuvo con la guardia bien alta y se la transmitió a sus jugadores.

Ni bien Patricio Loustau tocó el silbato final, Gallardo pegó un salto (como en cada uno de los goles), levantó los puños bien alto y miró al cielo. Desde alguna estrella, tal vez, Ángel Labruna le guiñó un ojo y le agradeció por vengar aquella final perdida de 1976 en cancha de Racing, cuando Angelito era técnico millonario. Gallardo ganó la batalla de ajedrez de los técnicos. Napoleón lo hizo una vez más. Los detalles en el fútbol a veces terminan siendo los que vuelcan un resultado para un lado o para otro. Pasó en 1976 cuando Boca le ganó la final del torneo Nacional a River. El tiro libre que pateó el Chapa Rubén Suñé sin pedir barrera sorprendió a los rivales pero no a sus compañeros. Toto Lorenzo, legendario entrenador xeneize, le había marcado a sus futbolistas tres veces en la charla técnica que el Pato Fillol, arquero de River, tardaba varios segundos en armar la barrera, según cuentan los protagonistas boquenses de aquel partido. Al fin y al cabo los entrenadores juegan su partido en la previa a los encuentros. Y si pasaba hace cuatro décadas, hoy el rol del entrenador está potenciado. Siempre terminan definiendo los jugadores, pero los técnicos están sobre el tablero de ajedrez trabajando y pensando en la semana.

Una vez más Gallardo demostró que un movimiento de piezas puede ser vital. Y así complicar al rival, por más que no lo supere en el juego. Gonzalo Martínez apareció por el medio, como enganche, y le dificultó las cosas a Barrios. También hizo que Ponzio, escoltado de cerca por Nacho Fernández y Enzo Pérez, no estuviera tan solo. Para que River no tuviera superioridad en el mediocampo, Guillermo le ordenó a Cardona que se parara delante de Ponzio. Un movimiento del Muñeco obligó al Mellizo a mover su estructura.

Ese medio de River terminó prevaleciendo en la primera mitad. Soltando a Fernández llegó a posición de gol tras una combinación con el Pity. Cardona, que retrocedió hasta su área, no acostumbrado a marcar, le terminó cometiendo penal al Pity, que lo cambió por gol para delirio de Gallardo y de todos los hinchas de River.

Después de tener la ventaja, River fue controlando las acciones, dando pasos seguros. Boca ya no mostraba la superioridad de los primeros minutos, sobre todo a partir de los desbordes de Pavón. El Xeneize se sostuvo en la firmeza de Magallán y el despliegue de Nández, pero no aparecieron los que crean peligro en el área ajena. Eso facilitó las cosas para River que se sostuvo en algunos quites de Ponzio, en el toque justo de Nacho Fernández, en el juego del Pity, en las ganas y la verticalidad de Mora. También, en las firmes manos -y pies- de Franco Armani.

River volvió a tener un arquero confiable. Y eso es otro mérito del DT: pidió sí o sí por el nacido en Casilda, que salvó cuatro veces a su equipo con atajadas estupendas. Y así frenó los avances de Boca, que a partir de una posesión mayoritaria (65,8% a 34,2%) merodeó el empate. Hasta que River metió una gran réplica, tras una tapada de Armani. Condujo Nacho Fernández y tocó a Pity, quien asistió al certero Scocco: 2-0. También ahí acertó el DT: quería al ex Newell's fresco para los minutos finales.

Los minutos corrieron. Boca estaba sin fuerzas. Y Tévez, el peor jugador de la cancha, era el reflejo de la impotencia. Pitó Loustau y River deliró. El “dale campeón”, en la cara de su eterno rival, atronó en Mendoza. Casi 42 años después, se sacó otra espina.


Felicitaciones Millonario!!!


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