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jueves, 25 de octubre de 2018

Boca 2 - Palmeiras (Brasil) 0 - Copa Libertadores 2018

UN TENSO PARTIDO EN LA BOMBONERA Y RESUELTO AL FINAL POR EL HOMBRE QUE LLEGÓ DEL BANCO
Benedetto hizo magia y puso a Boca a un paso de la final de la Libertadores
Entró cuando faltaban 14 minutos y el equipo no encontraba el camino al arco de Palmeiras. Rompió el cero con un cabezazo y después clavó un golazo con un remate desde lejos.
Sabe la Bombonera de sensaciones. Hay que creerle. Excitada, caliente como nunca, ilusionada como siempre, ahora es una fiesta. Se canta con fe de campeón. Se grita por esas señales benditas emitidas por Darío Benedetto. Por algo ocurrió justo en este momento el reencuentro con ese fantástico goleador que tanto se añoraba...

Volvió el Pipa al gol para que todo Boca sienta de verdad que los milagros son posibles. Que un equipo que en ochenta minutos casi no armó una jugada con consistencia y casi no pateó al arco, en apenas cinco puede pegar dos impactos colosales para quedar a un pasito de la final de esta Libertadores transformada en obsesión.

Regresó Benedetto para regalarle gol y sabor a un equipo compacto, pero sin una idea. Más oportuno, imposible. Retornó también para darle la razón a Barros Schelotto. Nobleza obliga: en el instante del cambio, con Villa y Pavón en cancha, con dos extremos así, parecía una contradicción sacar a un 9 como Wanchope con cabezazo y contundencia. Pero Guillermo lo hizo. Y así como Gallardo tuvo su noche de errores, el Mellizo coronó uno de sus grandes aciertos.

Le salió redondo a Barros Schelotto. Córner y cabezazo estruendoso del Pipa para el 1-0. Así como Gremio le ganó a River, empezaba Boca a quebrar a Palmeiras: en una jugada con pelota detenida. Y al ratito, Benedetto de nuevo: giro de crack para dejar a Luan mirando a la platea y derechazo desde afuera del área a media altura, contra un palo, imparable, para coleccionar.

A ese Palmeiras que venía asustando de visitante, con todos sus partidos ganados, con una docena de gritos a favor y apenas con uno en contra, salió Boca a proponerle un partido similar al que le había planteado en la ida a Cruzeiro, con un mediocampo combativo, con aquellos intérpretes escogidos para el duelo con los azules de Belo Horizonte.

Guillermo sólo incluyó algunas modificaciones posicionales: Nandez, que había estado bien abierto a la derecha para tapar las subidas de Egidio, esta vez fue más por adentro; Zárate, que había revoloteado detrás del 9, ahora apareció casi siempre abierto por la izquierda; y Pavón transitó en general por la derecha cuando lo había hecho más que nada por el otro callejón.

Tal como en aquel primer tiempo frente a Cruzeiro, casi no le patearon al arco a Boca. Más allá de algún córner, Agustín Rossi, el arquero de los fantasmas, miró cómo todo transcurría entre fricciones, presión y desprolijidades. Hubo orden para impedirle sorprender a Palmeiras con salidas rápidas desde el medio. A diferencia de aquellos 45 minutos iniciales, nadie se inspiró ni siquiera para dibujar una construcción con cierta fluidez.

Zárate quedaba aislado en la izquierda. Pablo Pérez encontraba poco la pelota y, cuando la hallaba, lo atrapaban las imprecisiones. Pavón nunca era ubicado en situación como para volar con su velocidad.

Boca era un equipo turbulento, vacío de claridad. Contagiaba pasión por el incansable Barrios y por el bravo Nandez, perfectos hasta el instante de pasar la pelota; a partir de ahí... De juego, nada. Con un rato de intensidad, generó en la etapa inicial un par de córners y dos remates desde afuera.

Como Zárate tampoco llegó al partido en el nacimiento del segundo tiempo, Barros Schelotto lo sacó para poner a Villa abierto a la derecha y mudó a Pavón a la izquierda. Igual Boca no sabía cómo perforar ese 4-2-3-1 tan paciente como cauteloso y mezquino ideado por Felipao Scolari, un viejo zorro en armar este tipo de sistemas.

Es más: Boca casi no había pateado al arco hasta ese tiro libre de Olaza que Weverton voló para mandar al córner, a ese tiro de esquina que derivó en el primer alarido de Benedetto. Y faltaba la perla...

Justo el día después de que River quedó envuelto en derrota y en dudas, Boca gestó otro milagro futbolero. La Bombonera, especialista en sentir, lo recibió como una señal mágica. Por algo pasó...


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